Francisco Gómez Varo, hijo de Manuel y Matilde termina sus estudios de Medicina en Cádiz, pero antes de empezar a ejercer la profesión para la que se había preparado, sintió la llamada de la tierra y volvió a Puente Genil para ayudar a su madre en la explotación de la finca.

Francisco acomete la primera de las reformas que nuestro molino sufriría a lo largo de los años. Reforma el empiedro, las prensas y construye dos bodegas de depósitos de hierro para el almacenamiento del aceite de oliva. Nuestro aceite sigue teniendo un gran éxito en los mercados tanto nacionales como internacionales, comenzando la exportación del mismo a granel.

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